Kommentar zu Hegel und Marx, Capítulo 6

Por qué Hegel formula así

Hegel escribe en muchos pasajes como si la idea fuera aquello que actúa. El pasaje del que parte Marx dice textualmente: “La idea real, el espíritu, que se separa a sí mismo en las dos esferas ideales de su concepto, la familia y la sociedad civil, como en su finitud, para ser, a partir de su idealidad, espíritu real infinito para sí, asigna así a estas esferas el material de esta su realidad finita, los individuos como la multitud” (Filosofía del derecho, § 262). La idea se escinde, reparte, se da realidad a sí misma. Antes de criticar este modo de hablar, hay que decir qué es lo que pretende lograr — pues no se trata de un descuido, sino que sostiene cuatro propósitos, todos ellos legítimos.

El primero se dirige contra la idea de que las categorías serían meras formas de nuestro pensar, mientras que la cosa en sí sería de otra naturaleza. Lo que habla en contra de esto no es que las categorías estuvieran situadas en otro lugar —en las cosas en vez de en la cabeza—, sino que no disponemos de ellas a discreción. Quien cambia las determinaciones a su antojo no avanza; entonces las cosas dejan de cuadrar. El hablar hegeliano del concepto que se objetiva registra este hallazgo.

El segundo se dirige contra la separación entre pensar y ser como dos ámbitos ya acabados con un abismo entre ellos. No existe un trasfondo incognoscible —no porque alcancemos a todas partes, sino porque falta un punto de vista desde el cual pudieran colocarse el conocer y el mundo uno junto al otro. La distinción entre interior y exterior es ella misma un resultado de la experiencia y permanece verificable dentro de ella; no es su presupuesto. Cómo ocurre esto lo desarrolla [[wahrheit:11]].

El tercero se dirige contra la coacción metodológica, contra esquemas que se le imponen a una cosa desde afuera. Cuando se dice que el concepto se enajena, con ello queda fijado que el tránsito, en este punto, no es arbitrario: quien lo plantea de otro modo tropieza con resistencia. La formulación le atribuye así a un concepto un obrar que este no tiene, y sin embargo apunta a algo verificable — que aquí algo no cede.

Y el cuarto se dirige contra un pensar que se detiene en lo finito y no hace más que constatar límites, sin llegar jamás a determinar nada.

Estos propósitos no son objeto de disputa, y quien los abandona pierde más de lo que gana. Lo que sí es discutible es si las formulaciones de Hegel los alcanzan o si se exceden más allá de ellos. [[kleine-logik:23a]] examina esto en detalle y separa lo que aquí se necesita en forma breve: el propósito, de la dicción.