Immanuel Kant (1724–1804) enseñó en Königsberg y es el punto de partida sin el cual no se puede comprender la filosofía de Hegel.

Hegel lo leyó por primera vez en el Seminario de Tubinga, donde Kant era considerado un remedio contra la ortodoxia y, al mismo tiempo, era puesto a su servicio: los límites de la razón debían asegurar el espacio para la revelación.

Su objeción no se dirige a los resultados de Kant, sino al procedimiento. Quien quiera determinar los límites del conocimiento ya debe haberlos traspasado; de otro modo no podría reconocerlos como límites.

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